viernes, 19 de agosto de 2011

Siete Características de la Poesía Moderna. Camilo Fernández






La primera característica que podemos enunciar es que la poesía moderna
(desde Charles Baudelaire hasta nuestros días) no tiene un espíritu
didáctico, es decir, poemarios como Las flores del mal o Trilce no
poseen como uno de sus objetivos centrales enseñar valores o actitudes
al lector. En ese sentido, se aleja del principio de Horacio de unir lo
agradable a lo útil para propugnar una escritura sugerente que jamás
subestima la capacidad interpretativa del lector.

Un segundo rasgo constituye el hecho de que el poeta moderno es siempre
un operador de lenguaje y, en consecuencia, manifiesta una actitud
crítica. Vale decir, al manipular el lenguaje el poeta revela una
conciencia crítica en relación con la relectura de la tradición
literaria. Esta particularidad que ya había aparecido anteriormente (por
ejemplo, en la literatura de la Edad de Oro con Góngora o Quevedo), se
intensifica en el contexto de la modernidad. En otras palabras, el poema
moderno está hecho con palabras dispuestas en un orden determinado y no
tanto con ideas; por eso, el texto poético no admite una paráfrasis
empobrecedora sino una lectura que ponga de relieve la autonomía del
discurso literario.

Una tercera particularidad radica en el papel del significante en la
poesía moderna. Allí, el significante tiene una cierta autonomía en
relación con el significado, fenómeno que se evidencia en las
jitanjáforas, en los caligramas o en los poemas donde el componente
fonológico adquiere importancia sin remitir directamente a un
determinado significado. En algunos casos, los poetas crean nuevos
significantes: "altazor", "trilce", por ejemplo. Así se cuestiona una
racionalidad utilitarista que reduce el lenguaje al de mero instrumento
comunicativo y que empobrece, por lo tanto, su riqueza fonológica o
expresiva.

Este trabajo con el significante nos lleva a una cuarta característica:
la especialización, en el ámbito de la modernidad, del trabajo del
creador. No cabe duda de que hay muy importantes antecedentes: Góngora,
verbigracia, era un especialista y conocedor de su arte. Sin embargo, la
modernidad implicó un sostenido proceso de especialización del trabajo
que influyó en el campo de la poesía. El poeta se convierte en un
especialista, pues domina el ritmo, la métrica, la disposición gráfica,
la prosodia, etc. Rubén Darío y Stéphane Mallarmé son ejemplos muy
claros de este proceso.

El quinto rasgo se puede expresar de la siguiente forma: hay una
tendencia al cruce de géneros y de estructuras en la poesía moderna.
Tenemos poesía "teatral" (T.S. Eliot), poemas en prosa (Rimbaud), poesía
polifónica (Pound, poetas beatniks), caligramas (Apollinaire, Huidobro),
escritura prosaísta (grupo Hora Zero en el Perú), poemas elaborados a
partir de un collage de citas ("En defensa de César Vallejo y los poetas
jóvenes", de Antonio Cisneros), textos cercanos al panfleto
político-partidario (Canto general, de Neruda), entre otras
posibilidades.

La particularidad la tomamos de Estructura de la lírica moderna,
de Hugo Friedrich. En efecto, él habla de la disonancia de la poesía
moderna. En otras palabras, el poema en el contexto de la modernidad
manifiesta una cierta tendencia al hermetismo (Rimbaud, Mallarmé,
Vallejo, Eguren, Adán, por ejemplo) y a la oscuridad deliberada.
Disonancia quiere decir, en este caso, que se une el hechizo a lo
ininteligible. Por consiguiente, el texto poético gusta y "hechiza" al
lector, pero este último no puede fácilmente descifrar el sentido del
mismo. Pareciera que la significación del poema se escapara y se
resistiera al proceso de desambiguación.

La séptima característica ha sido sugerida por Umberto Eco y consiste
en que el poema moderno formula la poética de la obra abierta porque
presupone un lector activo que construya la significación discursiva y
sea un libre ejecutante que llene los vacíos dejados por el texto
poético. El poema moderno no es una obra cerrada sino que posibilita que
el lector se autoasume "como un sujeto que realiza una improvisación
creadora de 'infinitas' posibilidades de significación".

Indudablemente, estas siete características no se cumplen en todos los
poetas desde Baudelaire hasta nuestros días, pero pueden servir de punto
de partida o de hipótesis para una reflexión sobre la poesía moderna.


Notas, © y demás:
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Retrato de Alonso Quijano ,un caballero de La Mancha. autor: Collado Pérez, pintor Asturiano- cubano

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